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“EN LA CASITA UNO ENCUENTRA MUCHO CARIÑO

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Como madre se ha caracterizado por ser una mujer luchadora e independiente. Sus dos hijos han tenido una vida ligada a la batalla contra el cáncer. Primero su hija menor Camila (19 años), quien tuvo un tumor y luego Matías (21 años), que actualmente está en recesión del cáncer.

Recuerda que mientras corría el año 2009 a su hijo mayor Matías, le dolían mucho las piernas, “estaba muy cansado y él era bueno para jugar a la pelota, pensé que era algo normal por el desarrollo, pero no era así”.

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Al tiempo el joven Matías empezó con fiebre, “noté que no era algo normal, lo llevamos al Hospital de Los Ángeles y el doctor notó que algo andaba mal”, comenta. Al principio se quedaba con unos tíos que viven en la zona, pero cuando le dijeron que el tratamiento era largo, buscó una forma de establecerse. “Hablando con mamitas en el hospital me contaron de la casa hogar y que podía quedarme aquí”. Del alojamiento en el hogar indica, “un siete, si no estuviera el lugar no sabríamos qué hacer, nos ayuda un montón, la tía Sonia nos ha recibido con mucho cariño y apoyo al cien por ciento”.

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El caso de Camila y Matías es ejemplo de que se puede salir adelante, “tener fe, confianza, si tu entorno te apoya se hace más liviana la carga. Siempre en la casa hogar hay un apoyo enorme de las mamitas y en especial de la tía Sonia, así que no es imposible, estoy feliz y contenta del hogar”, finaliza Patricia. “Llegué al hogar el 2009 cuando me enfermé a los 13 años.

Mi historia comenzó con dolores de huesos, me llevaron a urgencias, me hicieron exámenes de sangre y salió todo, era leucemia. Han sido malos todos estos años. He pasado por muchas cosas, pero conocí a muchas personas nuevas, ha sido un proceso largo, se me cayó el pelo, estuve hasta en silla de ruedas”, señala Matías. Por otro lado, Camila comenta, “llegué a la casita el 2010, pero todo comenzó el 2002 cuando me operaron por un tumor benigno.

Desde ahí me hicieron seguimiento con resonancias magnéticas, controles y descubrieron el 2010 que había vuelto a crecer y me derivaron a Concepción. Me mandaron a medicina y al hacer biopsia se dieron cuenta que eran cancerígeno, me hicieron quimio y después en Talcahuano radioterapia”. Ambos llegan a la conclusión que en la casita los han tratado bien  “la Tía Sonia es un amor con nosotros, siempre está atenta y se preocupa por todo, nada que decir de ella, me gusta venir y los lazos que he formado acá. Llegamos acá con nuestra mamá, nos gusta acá y no le haría ningún cambio”, finalizan.

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